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Un nuevo territorio – El francotirador paciente

Cuenta Pérez Reverte que estaba en Verona cuando se le ocurrió “El francotirador paciente”. “De repente la vi”, me dijo. “Vi toda la novela como en una serie de secuencias cinematográficas y se la conté a quien iba conmigo. Ahora ya la estoy terminando”, quizá vio la intervención de Sniper, francotirador paciente, escritor de paredes, o de sus seguidores, en el patio de Julieta; o quizá se le ocurrió que la novela le servía una vez más para denunciar aquellos aspectos que rechaza de la sociedad: el día de los enamorados… “Hacía tiempo que el patio y el túnel se habían convertido en una especie de pequeño parque temático del amor… había acabado por desplazar el interés y el motivo del balcón…” de Julieta, o la campaña oficial contra el sida (pág. 237), o la comercialización del arte urbano…, lo cierto es que esta vez Pérez Reverte elige a un guerrillero urbano, Sniper (francotirador en inglés), grafitero, escritor de paredes, para presentarnos su nuevo territorio: de las guerras Yugoslavas a la guerrilla urbana, del Territorio Comanche al territorio del Grafitti.

Cierto es que Pérez-Reverte aborda un nuevo territorio en cada novela, el mundo de la droga en “La Reina del Sur”, el arte del guante blanco en “El Tango de la Vieja Guardia”, el de los libros en “El Club Dumas”, el de la pintura y el ajedrez en “La tabla de Flandes”, sin dejar de lado el siglo de Oro que nos ilustra con la saga de “El Capitán Alatriste”, así como otras épocas históricas, u otros territorios como el del esgrima, la navegación…, pero esta vez el territorio de la novela se acerca más al escenario de las guerras yugoslavas que al de las novelas.

Pérez Reverte ha tenido que utilizar todos los recursos de corresponsal de guerra para adentrase en el mundo clandestino de los graffiteros, o escritores de paredes como ellos prefieren llamarse, ha convivido con ellos, ha participado, a modo de espectador, en sus incursiones, ha comprendido su arte, ha aprendido a distinguir entre vandalismo y “arte urbano”, y ha vuelto a sentir el subidón de adrenalina, la tensión, el miedo… en la oscuridad de la noche, oculto bajo la capucha de una sudadera oscura, mientras sus nuevos amigos escribían en las paredes de Madrid, Verona, Lisboa… escenarios, sensaciones, personajes que luego ha inmortalizado en su novela.

En esta novela de Reverte se funden el reportero y el articulista; el reportero que toma la información de la calle y se mimetiza con su nuevo mundo, “Alejandra Valera”, trasunto del reportero; “Sniper”, la voz de la denuncia, “Mauricio Bosque”, el mundo de la edición y algunos más que se suman a la galería de personajes de Pérez Reverte que, por cierto, a modo de Galdós, comienzan a caminar por distintas novelas, así nos encontramos con “Paco Montegrifo” (pág. 24), representante de la casa de subastas de Claymore en “La Tabla de Flandes”.

¿Quién es Sniper?
Sniper es un escritor de paredes independiente, admirado y respetado en el mundo del arte urbano, que convoca “intervenciones” arriesgadas a las que acuden sus seguidores para bombardear los espacios que él ha elegido para dar a luz su protesta, su ideología, su rebeldía…en fin para marcar su territorio.

Para crear la figura de Sniper, declara Pérez Reverte que se inspiró en Banksy, en Salman Rushdie y grafiteros de la calle… pero es evidente que la voz de Sniper es la pluma del Reverte articulista, que “sin pelos en la lengua” levanta polémica sobre la función del arte “El arte actual es un fraude gigantesco… objetos de valor sobrevalorados por idiotas y por tenderos de élite que se llaman galeristas… al final todo se reduce a unos cuantos euros” (pág. 238), sobre la defensa del arte urbano “las calles son el arte… el arte solo existe ya para despertarnos los sentidos y la inteligencia y para lanzarnos un desafío”, sobre la calidad de la condición humana, sobre la podredumbre del materialismo, sobre la frontera entre el arte urbano y el vandalismo, sobre los derechos de los escritores de paredes, sobre la lealtad, la honradez, la traición…

Sniper representa la cara pura del arte urbano: la protesta, la denuncia, bombardea las paredes con sus frases algunas enigmáticas “sin dientes no hay caries”, “las ratas no bailan claqué”, “un cerdo que no vuela no es un cerdo”, otras, cual tirador, certeras “solo otro escritor puede juzgarme”, “no hay polla más dura que la vida”… “Si es legal no es graffiti”, “vomito sobre vuestro sucio corazón”, algunas filosóficas “pinto para saber quién soy, pinto para saber cómo me llamo”, “esto es lo que no soy” o líricas “los chicos que crecen aprisa tienen los ojos tristes”… Es graffitero independiente que hace de las calles su morada, que hace lo que desea cómo y cuándo lo desea, su ideología traspasa las consecuencias propias y ajenas. Utiliza su arte para dejar constancia de su existencia que resume en su tag: la mira de un francotirador cruzada con una cruz.

CLAVES DEL ARTE URBANO EN EL FRANCOTIRADOR PACIENTE.
El arte de pintar en las paredes se remonta a la Roma clásica, sin olvidar las pinturas rupestres, en la que los romanos disconformes con el imperio dibujaban figuras obscenas con el nombre de los emperadores, sus amantes o sus esposas. Utilizaban el arte como protesta contra la sociedad, era un arte ilegal, como actualmente es hoy el graffiti.

La palabra grafitti proviene del griego, graphein, que significa escribir, y del término italiano sgraffti, que significa dibujo o garabato sobre la pared. Su escritura representa la protesta, la rebeldía contra el sistema político social.

Son muchas las leyendas en torno a este arte ilegal. Destaca la del grafitero Taky 183, un joven que por su trabajo viajaba mucho en el metro de Nueva York y comenzó a escribir su nombre en los vagones y las paredes del metro. Su firma, tag, comenzó a ser imitada. Un reportero le hizo una entrevista y tuvo tal repercusión que fueron muchos los jóvenes que se lanzaron a bombardear paredes con su tag. Hasta tal punto Taky 183 marcó el inicio del graffiti, que los rotuladores de tinta permanente que utilizan se llaman TAKKER en honor a Taky 183. … “en su versión contemporánea apareció en las grandes ciudades de EEUU a finales de los 60” (pág. 45)…

“…el Madrid de los 80 fue el núcleo de grafitti español” (pág. 46), el pionero fue Juan Carlos Argüello, Muelle, escribió su tag en las paredes de Madrid, hizo una rúbrica de su apodo: “un muelle terminado en punta de flecha”. Tuvo muchos seguidores, “los flecheros” (pág. 64) se llamaban así porque incluían flechas en sus tags, Sniper, nuestro francotirador, comenzó siendo un flechero… “antes de montárselo por su cuenta” (pág. 64). A este grupo de escritores de paredes pertenecían Tifón, Rafita, Blek la Rata, Josefa Punk, sus tags respetaban los monumentos, escribían en autopistas, vallas publicitarias, les gustaban las intervenciones arriesgadas y se caracterizaban por engordar su firma con brillos, relieves…eran rockeros, heavies…

Muelle murió de cáncer a los 29 años, muchas de sus firmas fueron borradas de las paredes, pero algunas forman parte del arte urbano de Madrid; tuvo muchos seguidores en Madrid y Barcelona, “dando paso a un estilo de graffiti más complejo influido por la cultura hip hop norteamericana” (pág. 47) que llegará junto con el break-dance y posteriormente el rap.

A mediados de los 80 el graffiti se adueña de la ciudad, aparecen, junto a los tags, piezas conmemorativas en vallas, canchas de deportes, vagones de metro y de trenes… “Calavera de Gioconda”, “Sagrada familia de calacas” (pág. 40), “El cambista y su mujer” (pág. 69), “Juicio final de Miguel Ángel” (pág. 195).

REGLAS DE ORO DEL ARTE URBANO.
A pesar de ser un arte ilegal el graffiti tiene reglas, aunque no escritas, destacan tres reglas de oro:

1-Reconocimiento de la Autoridad, está relacionada con la lealtad y el respeto de los otros graffiteros; deben reconocer y respetar el puesto que ocupa cada uno.

2- Jerarquización de lo pintado: una firma no puede ser tachada para escribir otra, un “tachado sobre una firma ajena era siempre una declaración de guerra” (pág. 10).

3-Inviolabilidad del graffti, hay que respetar las piezas ajenas, de no hacerlo se declarará una guerra .. “su compañero se mostró de acuerdo… se puso de puntillas, apretó la boquilla del aerosol y escribió AKTJ en el círculo blanco con una cruz. Sobre la mira telescópica, de francotirador, de la palabra Sniper” (pág.14).

JERGA DEL GRAFFITI.
Beef: tachar con la firma piezas de otros (pág. 36).
Bombardear: pintar indiscriminadamente (pág. 57).
Calacas: calaveras.
Chapas: vagón de metro.
Chichotes vomitadores: novatos “escritores novatos de firma repetida que buscan su hueco” (pág. 10).
End to end: pintar vagones de metro de punta a punta (pág. 61).
Gobetti:…”chicos jóvenes muy agresivos, de los que en un bolsillo de la sudadera llevan un bote de pintura y en el otro una navaja” (pág. 1d73).
Intervenciones: montajes, actuaciones (pág. 34).
Jam: party de grafiteros (pág. 57).
Machacar paredes: pintar paredes.
Palancazo: parar el tren con la palanca de emergencia para escribir en el tren (pág. 62).
Stencils: plantillas de graffitis (pág. 122).
Tag: firma.
Top to bottom: pintar vagones de metro de arriba abajo, incluidas ventanillas.
Triple whole-car pintar trenes de vagón hasta el techo (pág. 175).

Vega de la Peña del Barco – DESDE DENTRO

FOTOGRAFÍA

Melocoton’s photoblog

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