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Gabriel García Márquez – “Lo malo de la muerte es que es para siempre”

El jueves 17 de abril en un ambiente de lluvia inminente murió en su casa de México DF Gabriel García Márquez, el mejor escritor en español del siglo XX.

Es imposible condensar en unas líneas la vida y la obra literaria de un gigante que nos abrumó con cada una de las entregas que fue haciendo. Desde los artículos del “Relato del náufrago” hasta “Memorias de mis putas tristes”, sus obras, las breves y las más extensas, han presidido todas las bibliotecas públicas y privadas, desde luego la mía, en la que de algunas novelas hay más de una edición.

No sé cuántas veces he leído sus cuentos, “La cándida Eréndida”, “El ahogado más hermoso del mundo”, “Espantos de agosto”, “Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo”, “La luz es como el agua”… y todos los demás, poblados de personajes maravillosos, estrafalarios dentro de la más absoluta normalidad, casi normales a fuerza de ser extraordinarios.

¡Cuántas tardes releyendo “Doce cuentos peregrinos”! Y ahora otra vez, porque la muerte sirve de resurrección de las novelas y de los relatos del maestro. Porque es lo que ha sido García Márquez en estos años. Un maestro que nos ha enseñado a mirar la realidad de otra manera y a contarla desde otro punto de vista, cambiando nuestra perspectiva, focalizando en detalles inadvertidos hasta entonces, sentenciando en las más atrevidas situaciones.

Fue un magnífico periodista, reportero y crítico de cine durante años. Sus crónicas se convirtieron en libros que muchos lectores leían como novelas, como si el argumento hubiera salido de su imaginación, dando por sentado que la realidad no podía ser así, sin darse cuenta de que esos hechos estaban filtrados por el ojo observador y certero de un excelente narrador. “Noticia de un secuestro” fue uno de los libros más vendidos en el mundo en 1997.

Las novelas fueron llegando a cuentagotas; para entretenernos, leíamos ininterrumpidamente las anteriores. “La hojarasca”, “La mala hora”, “El coronel no tiene quien le escriba”… y “Cien años de soledad”.

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo.”

Así comienza la historia de los Buendía, de los inquietos Aurelianos, los sucesivos José Arcadios, la figura onmipresente de Úrsula Iguarán, trasunto de la abuela del escritor, Amaranta y Remedios la bella, enfrentadas hasta una muerte esperada recíprocamente, Meme, Pilar Ternera… Una saga que duró lo que duró Úrsula y que encandiló hasta el punto de que cuando terminé de leerla no pude hacer otra cosa que empezar por el principio hasta comprender el huracán narrativo desde la fundación de Macondo: las continuas visitas de Melquíades, que desquiciaban a José Arcadio, la pestes del olvido y el diluvio de cuatro años, los personajes maravillosos que viven momentos tan mágicos como Francisco el hombre, llamado así porque “derrotó al diablo en duelo de improvisación”, o como el padre Nocanor Reyna, que mostraba como prueba irrefutable de la existencia de dios una levitación de 12 centímetros después de tomar una taza de chocolate, o la ascensión en cuerpo y alma de Remedios, la bella.

Todo ello narrado con un ritmo trepidante que te arrastra como hojarasca en otoño, con el adjetivo exacto y la sintaxis enloquecida, digna de un maestro que aprendió de los mejores maestros: su abuela y sus lecturas, de los mejores narradores del siglo, Kafka y Faulkner entre los principales, aderezado con su particular carácter fiestero, su afición a la música y un sentido del humor que recorre toda su obra.

Luego llegaron “El otoño del patriarca”, retrato demoledor de un dictador, “Crónica de una muerte anunciada”, drama trágico, en la mejor línea de Sófocles, “El amor en los tiempos del cólera”, una de las mejores novelas de amor de todos los tiempos, “Del amor y otros demonios” y la última novela, “Memorias de mis putas tristes”, homenaje a otro maestro japonés, Kawabata.

Aunque parezca mentira, García Márquez quería ser poeta, de hecho, era capaz de recitar cientos de poemas de la literatura española, no digamos ya de Garcilaso, algunos de cuyos versos estás intercalados en sus novelas (para ilustrar este hecho nada mejor que leer “El amor en los tiempos del cólera”, en la que la poesía ocupa un lugar privilegiado, y “Del amor y otros demonios”, crónica de un exorcismo en la que el exorcista hace el amor con una muchacha recitando los 40 sonetos de amor encendido de Garcilaso).

Era un lector fascinado que disfrutaba con las aventuras de sus escritores favoritos y que dedicó toda su vida a la literatura. Desde adolescente quiso ser escritor y nada le impidió hacerlo, es más, descubrió una forma de narrar, nos reveló un mundo hasta embrujarnos. Y sin duda disfrutaba escribiendo, en una carta que envió a su amigo el escritor Carlos Fuentes, le confesó que se estaría todo la vida escribiendo “Cien años de soledad”, “para no tener más vida que esta”.

La fascinación que produce “Cien años de soledad” está muy cerca de la magia, como el resto de sus novelas y cuentos, pero especialmente esta novela magna, océano donde fueron a parar todos los relatos anteriores, que se convirtió en “el Quijote americano” y que fue el acontecimiento literario más importante del siglo XX en la américa latina.

El propio García Márquez en un momento de lucidez con humor decía que últimamente se estaba muriendo mucha gente, años después, en otro contexto dijo “lo malo de la muerte es que es para siempre”. Pero no advirtió en el juego de palabras que la obra sobrevive al autor, por lo que podemos releer, otra vez más, todos los relatos en orden cronológico o de forma caótica, ello nos salvará de otros cien años de soledad.

“Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.”

Francisco J. Jiménez Bautista – DESDE DENTRO
 
One comment
  1. IES Trampal

    ¡Qué mágico artículo! Me he emocionado al leerlo, y lo he hecho varias veces, igual que tu haces con las obras del genio García Márquez. Creo que está más vivo que nunca. Gracias.

    María Jesús (28/04/2014)

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