Loading...
Cúpula 5Revista Cupula

El Odre de Eolo

“Llegaron a Eolia, la isla donde vivía Eolo, dios de los vientos, que los recibió con mucha hospitalidad. Después de descansar durante un mes, Ulises le rogó a Eolo que le ayudara a volver a su casa. Eolo impulsó las naves de Ulises hacia Ítaca con vientos favorables y, para que nada pudiera interferir en el camino de regreso, puso todos los vientos desfavorables dentro de un odre, que había fabricado con la piel de un toro.

Estuvieron navegando durante diez días, hasta que vieron las costas de Ítaca. Parecía que el viaje se iba a acabar. Pero Ulises, que estaba muy cansado, se quedó dormido y sus compañeros no pudiendo vencer a la curiosidad abrieron el odre de los vientos, pensando que contenía oro y plata regalo de Eolo a Ulises y, al liberarse todos los vientos desfavorables, se desató una violenta tormenta que llevó los barcos, otra vez, a la isla de Eolia.

Desesperado Ulises desembarcó con algunos de sus hombres para pedirle, otra vez, a Eolo que le ayudara a regresar a Ítaca. Pero Eolo se asustó mucho al ver a Ulises porque pensó que era un hombre aborrecido por los dioses y lo echó de su isla diciéndole:
-¡Márchate de mi isla, no voy a ayudar más veces a un hombre al que los dioses odian!”

Canto X de “La Odisea” http://alejandria.nidaval.com/scripts/Editorial.dll?SE=2_1_0_T1_A37_41

Hace tiempo comentaba en una clase que Cristóbal Colón merecía un enorme respeto, al igual que muchos navegantes de entonces, porque había que tener muchísimo valor para adentrarse en el mar en esas carabelas que palidecen y quedan empequeñecidas al lado de los barcos actuales.

Luego pensé que mayor respeto y admiración, si cabe, merecían pueblos como los griegos o los fenicios, que recorrieron el Mediterráneo en naves aún más primitivas. Y pensé, ¿cómo era esa navegación? ¿qué sabían ellos? Dado que la navegación estaba supeditada a la fuerza del remo y a los vientos, ¿qué sabían de ellos? ¿conocían los distintos tipos? He aquí algunas respuestas.

Denominados Anemoi (en griego antiguo Άνεμοι, ‘vientos’) eran dioses del viento de la mitología griega. Se correspondían con los puntos cardinales desde los que venían sus respectivos vientos y que estaban relacionados con las distintas estaciones y estados meteorológicos.

A veces eran representados como simples ráfagas de viento y otras se les personificaba como hombres alados, e incluso en ocasiones tomaban la forma de caballos encerrados en los establos de su señor y gobernante, Eolo, que residía en isla de Eolia, si bien también los demás dioses, especialmente Zeus, ejercían poder sobre ellos.

Homero ya menciona a los cuatro vientos principales: Bóreas, el viento del norte que traía el frío aire invernal; Noto, el viento del sur que traía las tormentas de finales del verano y del otoño; Céfiro, el viento del oeste que traía las suaves brisas de la primavera y principios del verano; y Euro, el viento del este, que no estaba asociado con ninguna de las tres estaciones griegas y es el único de estos cuatro que no se menciona en la Teogonía de Hesíodo ni en los himnos órficos.

Bóreas (en griego Βορέας, ‘viento del norte’ o ‘devorador’) era, en la mitología griega, el dios del frío viento del Norte que traía el invierno. Bóreas era muy fuerte y tenía un violento carácter a la par. A menudo era representado como un anciano alado con barbas y cabellos desgreñados, llevando una caracola y vistiendo una túnica de nubes. Su equivalente romano es el dios Aquilón.

Los griegos creían que su hogar estaba en Tracia, y tanto Heródoto como Plinio describen una tierra al norte llamada Hiperbórea (‘más allá de Bóreas’) en la que la gente vivía en completa felicidad hasta edades extraordinariamente longevas.

En la mitología griega, Céfiro (en griego Ζέφυρος Zéphyros) era el dios del viento del oeste, hijo de Astreo y de Eos. Céfiro era el más suave de todos y se le conocía como el viento fructificador, mensajero de la primavera. Se creía que vivía en una cueva de Tracia.

Uno de los mitos conservados en los que Céfiro aparece más prominentemente es el de Jacinto, un hermoso y atlético príncipe espartano. Céfiro se enamoro de él y le cortejó, al igual que Apolo. Ambos compitieron por el amor del muchacho, pero éste eligió a Apolo, haciendo que Céfiro enloqueciera de celos. Más tarde, al sorprenderlos practicando el lanzamiento de disco, Céfiro sopló una ráfaga de viento sobre ellos, haciendo que el disco golpease al muchacho en la cabeza al caer. Cuando Jacinto murió, Apolo creó la flor homónima con su sangre. Para los romanos era Favonio.

Noto o Austros (en griego antiguo Νότος) era el dios del viento del sur. Estaba asociado con el desecador viento caliente de la salida de Sirio tras el solsticio de verano y se creía que traía las tormentas del final del verano y del otoño, por lo que era temido como destructor de las cosechas. Su equivalente en la mitología romana era Austro, la personificación del siroco, que traía densas nubes y niebla o humedad.

Euro (en griego antiguo Εύρος) era la deidad que representaba al funesto viento del este. Se creía que traía calor y lluvia, y su símbolo era una vasija invertida derramando agua. Su equivalente en la mitología romana era Vulturno (no confundir con Volturno), un dios-río tribal que más tarde pasaría a ser la deidad romana del rio Tíber.

Cuatro dioses menores del viento aparecen en unas pocas fuentes antiguas, tales como la Torre de los Vientos en Atenas. Originalmente, como atestiguan las obra de Hesíodo y Homero, estos cuatro dioses menores eran los Anemoi Thuellai (Άνεμοι θύελλαι, ‘vientos de tempestad’), demonios malvados y violentos creados por el monstruoso Tifón, equivalentes masculinos de las arpías, a las que también se llamaba thuellai. Estos eran los vientos que Eolo guardaba en sus establos: los otros cuatro Anemoi ≪celestiales≫ no permanecían encerrados.

Cecias (en griego antiguo Kaekiaç) era el dios-viento del noreste. Es el encargado de arrojar el granizo. Se le representa como un hombre alado, viejo, con barba, completamente vestido de túnica y descalzo, sostiene entre sus dos manos una cesta, o mas propiamente, un escudo lleno de granizo. Su equivalente en la mitología romana es el dios-viento Caecius.

Apeliotes es el dios-viento del sureste. Es el encargado de hace soplar el viento que hace madurar las frutas y el trigo, por ende a veces se le llama “El viento del Otoño”. De él se decía que tenía su hogar cerca del palacio de Helios, el dios-sol, hacia el Oriente, y por ende, a Apeliotes se le llama a veces ‘El viento cruzado’ pues es el que se encarga de ir guiando los rayos del sol. Se representa en el Arte como un hombre alado, joven, sin barba, completamente vestido de túnica, y calzando coturnos, llevando entre sus manos parte de un manto que lo envuelve parcialmente y sobre el cual, sostiene entre sus manos, una gran cantidad de frutas y granos. En la mitología romana el equivalente a Apeliotes es el dios-viento Argestes.

Coro (en griego antiguo Skirion) es el dios-viento del noroeste. Por ser un viento frío y seco, se le asocia directamente con el inicio del invierno. Iconográficamente se le representa como un hombre alado, viejo y barbudo, con el cabello desordenado, completamente vestido en túnica, y calzando coturnos, llevando entre sus brazos una vasija de bronce de la cual esparce ardientes cenizas. Su equivalente en la mitología romana es el dios-viento Caurus o Corus .

Libis era el dios-viento del suroeste. Tiene en su poder la popa de un barco como en actitud de andar dirigiendo uno el mismo. Se representa como un hombre alado, muy joven, sin barba, vestido con túnica y descalzo, sosteniendo entre sus manos el timón de una nave. Su función dentro de la mitología griega no está muy definida. En la mitología romana su equivalente es el dios-viento Afer ventus (“viento africano”) o Africus. En la actualidad, se le identifica con el viento Áfrico o Ábrego.

En fin, espero que hayáis aprendido cosas interesantes. En otra ocasión hablaremos de la navegación.

Bibliografía:
Wikipedia

 
Magnolia Sánchez García-Adámez – DESDE DENTRO
 
One comment
Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *